Siento mucho los retrasos, actualizaré el blog de vez en cuando, pero tened paciencia, please:



La vida de un sacerdote en Madrid es algo compleja, hacemos lo que podemos y que Dios ponga el resto. Si quieres contribuir pide a Dios que nos envíe más sacerdotes.

Un fuerte abrazo

martes, 27 de diciembre de 2011

Cuento de Navidad

“CERQUITA, PERO DETRÁS”
 
Se me ha clavado una astilla en la pezuña. Lo que me faltaba. Encima, ahora, voy medio corriendo y cojeando. No llego, no llego, y estas carreteras no son buenas para una mula, y menos una mula humilde  como yo, que no he probado el pienso ése energético que les dan ahora a los animales, que yo vengo de un humilde pesebre hecho con adobe, con barro hermoso de estas tierras y pajas recogidas por los dueños.

Que no llego, no llego, y yo me muero de la pena. Que se está haciendo de noche, que dejé a María ya con dolores, que en estas tierras está muy peligroso andar por ahí, que la gente se ha vuelto loca y dispara sin ton ni son…; y con el  hambre que hay, si me pillan, no me dejan ni la vergüenza.

¿Quién me mandaría a mí meterme a ayudar a los pobres críos palestinos? ¿Quién me mandaría a mí, mula  huesuda y tozuda, que valgo tan poco…? Por querer hacerlo todo bien, ahora el Niño Dios nacerá en el pesebre donde vivo, pero sin mí. No es que yo sea imprescindible, que ÉL es el Señor, pero es que me muero de las ganas de darle mi calor, de acompañarle, de hacerle creer por un momento que soy un radiador, y no ha vuelto a nacer pobre de solemnidad sin nadie que le haya querido acoger.

Otra vez en el pesebre su Madre, que es la más bonita y la más buena, volverá a dar a luz, y sólo estará el buey soplando como un condenado para dar calor. Y yo no estaré. ¡Yo no estaré!

¡Ay, mi pezuña! Más que una astilla, esto parece el tronco de un árbol. Corre, mula torpe, corre que no llegas, que te lo pierdes, que están solos en el pesebre. Pero ¿quién me mandaría a coger a esos niños? ¿Pero quién me habré creído? Si es que no puedo con todo, pero qué poca cosa soy. Me daban tanta pena… ¿cómo no iba a ayudarles? Al fin y al cabo, huesuda y todo, soy una mula fuerte. Y estaban solitos.

Estas tierras tan ricas, tan especiales, tan sagradas de Belén, están llenas de odio. Y yo no sé cómo pueden odiarse tanto. Lo que me cuentan los primos que tengo en Jerusalén es terrible. Allí no tienen descanso. ¡Si conocieran el don de Dios! Perdidos como estaban, lejos de sus casas, se habían separado de sus padres después de aquel atentado que hizo que temblara mi pesebre. 

Al acercarme a ver qué había ocurrido, me encuentro con toda aquella gente herida y gritando. Y los tres niños, pequeñísimos que eran, temblando en una esquina. ¡Cómo no iba a ofrecerme a llevarles a su casa! Y claro, cuando llegamos, una humilde casita a las afueras, van y me ofrecen unos terrones de azúcar. Y a mí que se me van los ojos detrás de la golosina, y que me tumbo un poquito a saborearla…

Cuando me doy cuenta: ¡el Niño! ¡María! ¡José! ¡Qué hoy nace el Señor en la tierra! ¡Que hace frío! ¡El pesebre! Y ahora, me veo corriendo con una pata chula, la lengua fuera, los ojos llenos de lágrimas porque le voy a fallar, y no me lo voy a perdonar. 

Y con tanta lágrima no veo un pimiento; me voy a estampar. ¡Llorona, encima soy una llorona! ¿Pero quién me mandaría a mí? Si es que ya me lo decía mi madre: << Hija, piensa antes de actuar, no seas bruta, que no puedes con todo >>. Y yo, venga a ir por la vida a lo loco.

¡Ya veo la luz del pesebre! Corre, mula, corre, que al menos llegues a adorarle, a decirle que le quieres y que, como no sea con Él, no vas a ningún lado. Pero, ahora que lo pienso, ¡qué voy a ver la luz! ¡Pero si mi pesebre no tiene luz eléctrica! Por no tener, no tiene ni lámpara de aceite, ni agua, más que la del barreño (que espero que mi dueño haya tenido las luces de cambiarla, porque me he bañado con ella esta mañana). 

¡Anda!, ¿no será la estrella famosa? Ay madre, ¿no será un ángel? ¿Veré al Niño, Dios mío, veré al Niño? Y estos que van delante de mí… ¿Quiénes son? Hay que ver qué trapos llevan, tienen que pasar un frío de muerte. Pobrecillos, estos no han visto el jabón en meses. ¡Uff! Ni comido, ni nada de nada… Sin embargo, ¡vaya queso enorme llevan! ¡Hogazas de pan negro! ¡Uy, pero si se acercan al pesebre! ¿No irán a adorar al niño?

Ay, yo me adelanto, que tengo que llegar cuanto antes. Por favor, Señor, que llegue bien, que no haya nacido, que yo quiero ayudar, que si me tengo que quedar coja, lo acepto, pero después de que nazca… (porque esta astilla me va a llegar al cerebro como siga clavándose).

¡He llegado! ¡Está a punto de nacer! Voy a hacer un ejercicio de concentración para desprender calor. Ya está. El Niño ha nacido. Es pequeñito y arrugado como un garbancito. María y José lloran de alegría y susto a la vez. A José le tiemblan las piernas. El Niño casi no hace ruido, ¡qué bendito! Le voy a dar calor y cariño…, pero me voy a separar un poco. Casi mejor me pongo detrás, cerquita, pero detrás. No quiero que me vea, soy más fea que Picio, y si me ve, se va a asustar. 

¡Ay! ¡Qué espabilao! ¡Que se me ha agarrado de los pelos! Por un momento le miro, qué horrible visión para un crió recién nacido, encima llego toda sudada. Pero qué mirada me has echado, Señor. ¡Si me ha parecido escuchar que soy preciosa a tus ojos!. ¿Me lo habré imaginado? Pero no… ¡Otra vez esa mirada! Yo me voy a desmayar. ¿Cómo es posible que dedique estas miradas? Me retiro, esta vez sí, a una esquina del pesebre. Ahora sí que estoy desarmada. 

Me estoy mareando, no sé si de las carreras que me he echado, o de la revolución que tengo en las ideas. Fea, inútil, huesuda y torpe…, ¡pero querida hasta el extremo! No entiendo nada. ¿Qué milagro es éste? ¿Qué tiene esa mirada, de dónde sale tanto amor?

El Niño Dios ha vuelto a nacer en Belén. Qué revolución, qué mareo que tengo. Qué alegría más tonta y más absurda, con la que está cayendo ahí fuera en estas tierras. Pero saldría a trotar como una loca a abrazar a todo bicho viviente, porque Dios ha nacido y no hay mayor AMOR en la tierra que el suyo. Y yo lo he sentido, ¡lo conozco!, ¡lo sé!

( Tomado de Alfa y Omega 14-XII-2003. A. Llamas)

Un éxito nuestro retiro, porque la gente es muy buena...

Aunque bastantes personas nos dijeron que no podían asisitir por las dificultades evidentes del día que era, vinieron más de lo que yo pensaba y al término del retiro nos dijeron que habían disfrutado mucho y que habían rezado muy a gusto.

Con lo cual, ¡misión cumplida!

Os esperamos el tercer sábado de enero de 17:00 a 21:00.

Un abrazo

sábado, 24 de diciembre de 2011

Feliz Navidad a todas las familias: (El movimiento del Corpus Christi fue fundado por la Madre Teresa de Calcuta para ayudar a la santificación de los sacerdotes)

Feliz Navidad y un año nuevo 2012 lleno de bendiciones




ORACIÓN POR LA FAMILIA

Padre celestial, nos has dado un modelo de vida en la Sagrada Familia de Nazaret.
Ayúdanos, Padre amado, a hacer de nuestra familia otro Nazaret donde reine el amor, la paz y la alegría. Que sea profundamente contemplativa, intensamente eucarística  y vibrante con alegría.
Ayúdanos a permanecer unidos por la oración en familia en los momentos de gozo y de dolor. Enséñanos a ver a Jesucristo en los miembros de nuestra familia especialmente en los momentos de angustia.
Haz que el corazón de Jesús Eucaristía haga nuestros corazones mansos y humildes como el suyo y ayúdanos a sobrellevar las obligaciones familiares de una manera santa.
Haz que nos amemos más y más unos a otros cada día como Dios nos ama a cada uno de nosotros y a perdonarnos mutuamente nuestras faltas como Tú perdonas nuestros pecados.
Ayúdanos, oh Padre amado, a recibir todo lo que nos das y a dar todo lo que quieres recibir con una gran sonrisa.
Inmaculado Corazón de María, causa de nuestra alegría, ruega por nosotros.
San José, ruega por nosotros.
Santos Ángeles de la Guarda permaneced a nuestro lado, guiadnos y protegednos.
Amén.
                                                   Beata Teresa de Calcuta
                    Movimiento Sacerdotal Corpus Christi
Fundado por la Beata Teresa de Calcuta

viernes, 23 de diciembre de 2011

El primer Belén

EL PRIMER BELÉN O UNA CANCIÓN DE AMOR

El primer Belén se puso en medio del silencio. Solamente una canción se atrevió a romperlo: "Gloria a
Dios en el cielo y paz en la tierra a los hombres que ama a el Señor". Era una canción de amor. El primer "belén" que se puso fue en el siglo XIII, en una pequeña cuidad de Italia, Greccio, y se lo  debemos a S Francisco de Asis.

Tres años antes de su muerte, como celebrase la Navidad en Greccio, dijo Francisco a su amigo Juan de Velitta: "Para la fiesta del nacimiento de nuestro Señor quisiera representar, en presencia de todos, el nacimiento del Niño de Belén. Es preciso que todos vean su pobreza sobre la paja, en medio del buey y del asno". Los frailes que se hallaban en la región fueron invitados a la fiesta, y los hombres y las mujeres prepararon cirios y antorchas para alumbrar la noche que vio nacer la Estrella que ilumina a todos los siglos.

El pesebre fue colocado entre el buey y el asno. El bosque resonó con los cánticos de júbilo, y las rocas hicieron eco a la alegría general. En la Misa solemne, Francisco, que era diácono, revestido de preciosos ornamentos litúrgicos, cantó en alta voz el Evangelio. Después anunció al pueblo la alegre nueva del glorioso nacimiento de Nuestro Señor. Cada vez que pronunciaba el nombre de Jesús, sentía consumírsele el alma por el fuego del amor. Pronunciaba el nombre de Belén con el tono de voz de un cordero balando, y cuantas veces repetía el nombre de Jesús, pasaba la lengua sobre sus labios para saborear la dulzura que este nombre le dejara. Un hombre allí presente creyó ver que el pequeño infante que Francisco había cogido en brazos -una imagen o talla-, estaba vivo y le sonreía.

Así el Niños Jesús, que estaba muerto en el corazón de muchos con la muerte del olvido, despertó a una nueva vida en el alma de los allí presentes, por la gracia de Dios y los méritos del santo.

Desde entonces los frailes franciscanos extendieron la piadosa costumbre de poner "belenes" en las iglesias y en las casas, delante de los cuales el pueblo cristiano aprendió a cantar una canción de amor..

José Ignacio Olmedo Bernal

Una explicación sobre el buey y la mula de los belenes: