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La vida de un sacerdote en Madrid es algo compleja, hacemos lo que podemos y que Dios ponga el resto. Si quieres contribuir pide a Dios que nos envíe más sacerdotes.

Un fuerte abrazo

martes, 29 de enero de 2013

Catequesis de los domingos: Alegría

“La alegría es el amor disfrutado; es su primer fruto. Cuanto más grande es el amor, mayor es la alegría"(SANTO TOMÁS, Suma Teológica).

¡Qué grande es el Magister! Menuda definición de la alegría. Siempre da en el clavo. Si os dais cuenta cuándo estamos alegres y cuál es la razón de las mayores alegrías. Habitualmente, uno recuerda que sus mayores alegrías han sido el ser correspondido en el amor o incluso descubrir un amor que no sospechábamos.

Al final, el triste es el que no se siente amado.  Uno de los libros de la tradición cristiana más antiguos dice: "Una persona alegre obra el bien, gusta de las cosas buenas y agrada a Dios. En cambio, el triste siempre obra el mal" (PASTOR DE HERMAS, Mand. 10, 1).

Es cierto, cuando uno se amarga ya no quiere que los demás sean felices. Al final, una de las cosas que más pueden amargar en la vida es los celos o la envidia. Pensadlo despacito. Cuando estás cabreado, te fastidia sobremanera que los demás sean felices y haces lo que haga falta para jorobarles. A la postre, el remedio para evitar que los amargados puedan hacer daño sería que pudieran descubrir que alguien les quiere con locura, sólo así olvidarían sus maldades.

¡Qué necesario es el apostolado de la sonrisa y de la alegría! Si nos empeñáramos en la vida a amar un poco más, qué felices haríamos a los que nos rodean. Si en vez de devolver mal por mal, alguien rompiera la cadena y amara gratuitamente, cómo mejorarían nuestras vidas. Piénsalo: ¿no te ha pasado que alguna vez que estuvieras amargado hast descubierto que alguien ha tenido un detalle contigo que no te merecieras o simplemente te ha sonreído? Entonces parece que se te aliviara el corazón y eres capaz de sonreír a tu vez, ¿no es verdad?

Cuando estamos con gente amable, nos volvemos más positivos y cuando estamos con cenizos que sólo saben mirarse el ombligo, nos amargamos. Y sinceramente, no cuesta tanto obligarse a sobreponerse y sonreír.

Cuántas veces nos encontramos con adolescentes que parece que van perdonando la vida a todo el mundo. Se han levantado de mal café y lo peor de todo es que ni siquiera saben por qué están enfadados, simplemente la neurona que tienen llena de hormonas no funciona esa mañana correctamente y se sienten en la obligación de compartir con todo el mundo con quien se topan su enfado. ¡Guárdatelo en el bolsillo! Una de las cosas en las que se diferencia un niño pequeño de un hombre y de una mujer no es en la independencia. Los hombres y mujeres de verdad son los que sostienen a sus familias y no pueden tomarse un minuto de independencias. La auténtica diferencia está en el autocontrol. De hecho, el verdadero hombre, la mujer de verdad, son los que saben comerse sus enojos y sonreír, aunque no tengan ningunas ganas. Eso no es falta de sinceridad o naturalidad, eso es pura y llana caridad.

Ocurre una cosa más y es que cuanto más tardes en obligarte a sobreponerte de tu enojo, más enfadado estarás. Es una pescadilla que se muerde la cola y tiene mucho que ver con el autocontrol y el egoísmo. No pienses tanto en ti y date cuenta de que los demás se emrecen otra cosa de ti. 


Estad siempre alegres. 17 Orad sin cesar. 18 Dad gracias por todo, porque eso es lo que Dios quiere de vosotros en Cristo Jesús. 19 No extingáis el Espíritu, 20 ni despreciéis las profecías; 21 sino examinad todas las cosas, retened lo bueno 22 y apartaos de toda clase de mal.
23 Que Él, Dios de la paz, os santifique plenamente, y que vuestro ser entero —espíritu, alma y cuerpo— se mantenga sin mancha hasta la venida de nuestro Señor Jesucristo. 24 El que os llama es fiel, y por eso lo cumplirá. Dice San Pablo. La señal del cristiano es el amor y como hemos dicho al comienzo de este tema, el sello y la prueba del amordisfrutado es la alegría. Cuánto nos ayuda cuando lo pasamos más la confianza en que todo eso pasará tarde o temprano y lo único que quedará, lo único que podré llevarme a la tumba, más que nada es lo que haya sido capaz de amar y ser amado.
Si lo piensas fríamente, nadie quiere estar con alguien amargado. Así que si quieres que los demás se te acerquen, haz el favor de dejar de pensar sólo en ti mismo, échate agua por la cara y trata de sonreír aunque te duela verás que en poco tiempo, no sólo tendrás más gente a tu alrededor y entonces serás más feliz, sino que poco a poco irás aprendiendo a dominarte y al final tendrás una técnica impresionante que es necesaria para vivir, la de relativizar las cosas, respirar dos veces y seguir viviendo haciendo felices a los que te rodean, que es lo único que puede procurarte la alegría. Piensa si no me crees en esto otro: ¿de verdad crees que por mostrar a todo el mundo tu disgusto va a cambiar algo en tu vida? Sobreponte y lucha por un mundo nuevo, lucha por la verdad, pero con dos dedos de frente y con el corazón lleno. ¿No te parece más productivo?
Dice el Apóstol Santiago en su carta: "¿Sufre (está triste) alguno entre vosotros? Que ore. ¿Está alguno alegre? Que cante salmos" ¡Qué importante es la oración para vivir con alegría! Allí nos encontramos con la persona que más nos quiere en esta vida, podemos disfrutar con Él un ratito, nos promete la vida enterna y nos damos cuenta de que Él está con nosotros a cada instante, todos los días hasta el fin del mundo. Realmente, si estás triste y vas con la persona que te quiere de verdad, tu corazón se alivia. En el fondo, detrás de cualquier tristeza hay un pecado escondido. Detéctalo, expúlsalo de ti y descubrirás la alegría de la salvación...
Si hacemos un examen de conciencia nos daremos cuenta de que realmente, el Apóstol Santiago tiene razón, cuando nos hemos puesto tristes siempre ha habido algo que no funcionaba en nuestro corazón o hemos dado demasiada importancia a que alguien que no es Dios no nos amara como pensábamos que nos merecíamos. En todo caso, también es cierto, que luego nos hemos dado cuenta de que era una injusticia estar de morros con todo el mundo. De modo que, al final, nos hemos sorbido los mocos, hemos tirado "palante" y al final, hemos redescubierto la alegría.
¡Ayyyy...! Que yo no sabía que en esta vida no todo son cosas buenas y me ha pasado una desgracia...
Pues sí, a veces la vida duele, ¿verdad? A veces se nos muere el padre, la madre, un hermano o un hijo, ¿verdad? Cuando pasa eso entonces ¿qué hay que hacer? Tienes 2 opciones: la primera es renunciar a vivir, arrinconarse en una esquina y hacer ver a todo el mundo lo mal que lo estás pasando. Para eso es mejor suicidarse. La segunda opción es quizás más difícil, pero a la larga es la recomendable: buscar las razones que necesitamos para poder seguir viviendo.
Una vez que te has dado cuenta de que no puedes pegarte un tiro. Si creemos en Dios sabemos que no es planteable:
- primero, porque es pecado y encima de sufrir y suicidarte, encima te condenas.
- segundo, porque es un acto de egoísmo brutal. Siempre hay alguien que te quiere y a quien partirías el corazón al hacerlo y si no hay nadie en tu familia o no tienes amigos, siempre tendrás el amor de Dios. 
- tercero, porque no hemos elegido nacer, de modo que nuestra vida es una inversión que tenemos que rendir y sin ti el mundo ya no sería lo que podría llegar a ser contigo.
- cuarto, porque después de esperarte unos años en el cielo tus familiares muertos tienen derecho a disfrutar de ti en el cielo y si te condenas no van a poder. Esto es, ten un pco de esperanza, que la vida no es muy larga y después volverás a ver a los tuyos junto a Dios.
- Dios existe, es Omnipotente y te quiere con locura. A veces no entendemos por qué permite las cosas o por qué las hace, pero sé que al final, siempre va a ser lo mejor para mí, aunque no lo comprenda. Me fío de Dios y me anadono en sus brazos. Podré cagarme en todo, podré enfadarme con Él, pero no puedo dar la espalda a quien sé bien que me quiere con locura.

Así que no me queda más remedio que seguir viviendo aunque haya que sufrir, así que deberé buscar el mejor modo para vivir renunciando a la amargura y a ciertos pensamientos que me llevan a ser un cenizo. Eso se llama mortificación interior porque el resto de mi familia (o el resto del mundo) se lo merece. Pueden esperar otra cosa de mí.

En todo caso, esta catequesis no va sobre las grandes tragedias de la vida, que habitualmente no serán lo corriente, sino a esas tristezas que en el fondo son tentaciones para arrebatarte el tesoro de los cristianos.

De todos modos, a veces pensamos que la alegría es vivir sin problemas, la alegría estúpida de quien no se fija en los problemas. Hemos dicho que la alegría es el amor disfrutado. Piensa, pase lo que pase, venga lo que venga, ocurra lo que ocurra. ¿No crees que puedes vivir con alegría el dolor si sabes que vives amando y siendo amado? La alegría no es ausencia de problemas, no es que todo vaya bien. En el fondo, la alegría del cristiano es una consecuencia de la filiación divina. Te das cuenta de que Dios te quiere personalmente y se fija en ti. Eso hace que te des cuenta de que siempre podrás contar con su Omnipotencia y te llena de alegría. ¡No estoy solo! ¡Tengo quien vele por mí!

La diferencia entre un cristiano y un pagano es que el pagano necesita que todo le vaya bien para poder vivir con alegría y el cristiano sólo necesita conocer y experimentar el amor de Dios. Si de verdad nos embarga el amor de Dios, podemos afrontar cualquier dificultad con alegría porque sabemos que Él nunca nos va a abandonar y siemrpe contaremos con su fuerza para superar cualquier dificultad y al final, si esa dificultad en la muerte de quien amamos, es una separación temporal. La muerte no tiene la última palabra porque tras esta vida está la eternidad.

Puedes tener un problema gordísimo, si te sabes amado vivirás con alegría incluso cuando se te caigan dos lagrimones gordos provocados por el dolor. Alguien dijo alguna vez que la alegría hunde sus raíces en forma de Cruz. Es la Cruz el signo de finitivo del amor de Dios por nosotros y todos, en algún momento, probaremos la Cruz. ¿No te das cuenta de que allí te está esperando tu Salvador?

Acepta tu cruz de cada día, cárgala con garbo, pon una sonrisa en tu cara y trata de hacer felices a los demás.

(Aquí se les podría poner el ejemplo de algún cristiano que en su enfermedad tratara de hacer sonreír a quienes vienen a verle o de alguna familia cristiana que en medio de las lágrimas haya podido seguir viviendo tras la muerte de un hijo. Todos conocemos a alguien, ¿verdad?).
Al final de todo, San Francisco cuando recibió los estigmas (la señal de todo el dolor que había soportado por amor, los pecados de sus hermanos de religión, el pecado de tanta gente...) decía: "Señor hazme capaz de Amar como Tú Amas, hazme capaz de sufrir como Tú sufres..."

Sólo quien Ama es capaz de sufrir. O dicho de otro modo: En la vida hay que sufrir, lo importante es saber por quién estás dispuesto a sufrir.

Un fuerte abrazo
 

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