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miércoles, 6 de febrero de 2013

Catequesis de los domingos: La amistad y el apostolado

"Amistad es
comportarse con el amigo
como consigo mismo"
Aristóteles

"El que teme al señor encuentra verdaderos amigos,
y como fiel es él, así lo sera su amigo"
Eclesiástico 6,16s.

Hoy por hoy, poca gente sabe realmente qué es la amistad. Muchos llaman amigos a personas a las que simplemente conocen, ponen todo su corazón en relaciones que acaban haciéndoles daño y generando en ellos una desconfianza tal, que poco a poco, se van replegando sobre sí mismos hasta que ya no saben salir de su propio caparazón.

Otros consideran que realmente son amigos las personas que les atraen (no me refiero a la pura atracción física), sino que pueden verles como algo bueno para sí mismos. Así salen con gente con la que se lo pasan bien y se creen que por eso son amigos. He llegado a ver cómo determinados chavales salían en grupo y cuando llegaban a la discoteca cada uno pasaba de los demás buscando su propia satisfacción y sólo volvían a reunirse cuando ya se iban a ir a casa.

Antes de estudiar el tema, veamos unos preliminares.

Hemos sido creados por amor y para amar. Es natural en nosotros salir al encuentro de los demás, incluso psicológicamente nosotros nos conocemos por la imagen que tienen los demás de nosotros. Un niño al que sus padres le dicen que es tonto, acabará haciéndose tonto y al revés.

Es indudable que necesitamos a los demás, pero también es cierto que no todos tenemos que poder relacionarnos con todos. Esto es, hay personas que te caen mal; otros te han hecho daño; a algunos les haces daño aunuqe no quieras... A veces se dice que todos tenemos que ser amigos de todos. Eso, además de ser mentira es una gran estupidez. A los amigos hay que elegirlos. Muchas veces los papás tratando de forzar amistades, es un gran error. Incluso puedes estar en un grupo de formación y no todos los que van a tu mismo grupo tienen por qué ser amigos tuyos.

Cuando se dice que un amigo es un tesoro es porque es de las cosas que más merecen la pena en la vida y de las más difíciles de conseguir.

Fijaos, hay varios tipos de amor de amistad. Uno es la amistad por interés. Este tipo de amor tiende a crear dependencias. Si alguien te quiere por lo que pueda sacar de ti, aunque sea porque simplemente se divierte contigo, tenderá a dejar de buscarte cuando ya no disfrute a tu lado. Te exige que te lo merezcas constantemente. Al final, esas amistades te llevan a falsear todas tus relaciones porque no puedes mostrarte como eres, sino como esperan que seas. Ese interés también podría ser apostólico. Yo soy tu amigo, mientras des pasos hacia Cristo, si te paras o no quieres, no estoy dispuesto a perder el tiempo contigo. Esas amistades faltas de libertad son aberrantes.

La amistad que Dios quiere para nosotros es una virtud y por ello implica un trabajo y una mejora en la persona. Uno tiene que generar ciertas virtudes en su vida para poder tener amigos. Si yo no soy virtuoso, al final no sabré retener a mis amigos. Si no soy educado, si soy un cenizo, si siempre me quejo, si siempre quiero que todos hagan lo que a mí me da la gana, si nunca busco lo que puede agradar a los demás, si siempre trato de quedar por encima, si nunca reconozco mis errores, si no me preocupo por mis amigos y espero que sean ellos los que me llamen y nuca soy yo el que les busco, si siempre estoy forzando situaciones, si no me gusta nada que tengan otros amigos y soy celoso, si no pracico la lealtad y la discreción, si voy contando todo lo que me cuentan, si critico a mis propios amigos... ¿Cómo voy a tener un solo amigo? Tendré a mi alrededor gente rapiñando algo de mí, pero nunca conoceré lo que es de verdad la amistad.


La esencia de la amistad reside en el compartir, en el conversar y en el compenetrarse. En ella el hombre se encuentra en la misma relación respecto al amigo que consigo mismo. Por eso Aristóteles sostiene que el amigo es otro yo, idea que repite Cicerón. Son incompatibles con la amistad la adulación, la zalamería y el servilismo, pues son contrarios al amor a la verdad.

Tampoco es verdadera amistad la del que lo único que quiere es ayudar a los demás o dar pruebas de que los demás le necesitan. Soy tu amigo, pero no necesito tu ayuda. Lo más importante es compartir la vida con el amigo. Los amigos no tienen por qué estar hablando siempre, pero sabes que siempre os acompañáis. Yo tengo amigos que pasan de la fe. yo trato de acercarles a Jesús, respetando siemrpe su libertad; con delicadeza; pero seguiría quedando con ellos aunque nunca se convirtieran. Son mis amigos, no carne fresca para hacer apostolado. Hay que hacer apostolado con los amigos, pero no usarles para hacer apostolado (espero que se entienda bien el concepto). No me da miedo decir que les quiero de verdad, pero tampoco se lo diría. Puedo pasar sin ellos, pero me encantar pasar tiempo con ellos.

Evidentemente, para que surja una amistad tiene que haber un principio de fascinación por las dos partes. Si no hay nada que te sorprenda del otro, si no hay ningún brillo, no hay amistad. Habrá pura generosidad, como cuando tu madre te pide que trates con cariño a un niño que sus padres le han traído a tu casa, pero si se va no te importa.

A diferencia del amor de pareja, el amor de amistad no busca poseer al otro, sino que se goza contemplándolo en sí mismo. Tampoco busca la exclusividad, no tratas de ser su único amigo, buscas lo mejor para el otro y su libertad y crecimiento. El amor de amistad, además trata de compartirlo con todos: presentas a tu amigo a todas tus amistades. También genera una sana emulación, lo bueno que ves en el otro, te va contagiando. El amor de amistad se elige, por lo que hay que tener mucho cuidado en las personas que eliges como amigos porque van a cambiar y transformar tu vida para bien o para mal.

No tienes amigos para que te ayuden o para ayudarles, pero es inevitable que si quieres lo mejor para tus amigos, buscarás ayudarles en lo que sea preciso, pero sin olvidar que la amistad no tiene más finalidad que compartir. Compartir los buenos momentos, no sólo los malos. Hay "profesionales" de la amistad que no saben ser amigos, sólo te buscan por si les necesitas. Decía C. S. Lewis: "La amistad no es necesaria, como la filosofía, como el arte… No tiene valor de supervivencia; más bien es una de esas cosas que dan valor a la supervivencia". Esto es, realmente no necesitamos al amigo, pero tener un buen amigo, compartir tu intimidad con alguien, eso es lo que da valor a la vida.

Una amiga de mi hermana siempre le invitaba a planes apostólicos y mi hermana nunca iba. Un día, esta chica le dijo: "Pues si no vas a venir nunca, dejamos de quedar porque yo no puedo perder tiempo". Esto es aberrante. Yo nunca pierdo el tiempo con mis amigos porque para mí es un descanso estar con ellos.

Hoy la gente no sabe tener amigos porque trata de reducir cuanto existe a lo que pueda ser beneficioso. Hoy nadie estudia filosofía porque no sirve para nada, para nada práctico se entiende. Para poder tener un amigo es necesario haber cultivado un cierto espíritu contemplativo (diría santo Tomás de Aquino). Un amigo no sirve para nada, no no es útil, respecto a lo que puedo sacar de él. ¡Pero qué triste sería la vida sin la amistad!

Hay otra dificultad grande que tiene la gente hoy para forjar amistades. Hoy por hoy, las personas tienden a reducir las relaciones personales a lo puramente gregario. No tienen intimidad y no buscan intimar con los demás. Sus relaciones se reducen a ir en grupo con todos, reirse y disfrutar con todos, pero no se preocupan por cada uno.

La amistad es la máxima realización de la individualidad. Es un amor absolutamente selectivo. Yo elijo a mis amigos y no todo el mundo que me cae bien es amigo mío. Comparto mi intimidad con quien me da la gana. Por eso, porque es una manifestación extraordinaria de personalidad, los grupos tienden a despreciarla y suele dar miedo a los dirigentes porque los amigos tienden a escaparse de las estadísticas. tienen su pensamiento propio y tienden a salirse de lo gregario. Son personas con personalidades definidas que eligen con quien quieren estar. De alguna manera, es de los pocos ámbitos no democráticos que existen en nuestra sociedad. Y, sin embargo, por no ser democráticos es un espacio de absoluta libertad. Con los amigos no tienes que fingir, ni dar la talla, pero exige mucho más. Tienes que buscar lo mejor para ellos, tienes que estar dispuesto a sufrir un mal por evitárselo al amigo, tienes que estar dispuesto a renunciar a acercarte a una chica porque también le gusta a tu amigo y si tienes buenos amigos, poco a poco, irán tirando de ti para que mejores.

Es una relación entre iguales, por eso no cabe ser líder con los amigos. Son dos cuerpos animados por la misma alma, dirá Aristóteles. No hay relaciones de subordinación. Los amigos no contemplan su relación, no se miran frente a frente, más habitualmente van juntos unidos por un interés común. Por eso, en el amor de pareja, necesariamente tiene que existir la amistad, es más, deben ser el mejor amigo el uno de la otra; pero en la amistad nada más lejos de la relación de pareja. Al revés, cuantos más quepan mejor.

De alguna manera, tus amigos te definen. Según sean tus amigos se te podría juzgar a ti porque los amigos son como la familia que has podido elegir. No es un amor de fraternidad, por eso aunque en el grupo cristiano puede existir la amistad, esto no es lo más importante del grupo. A los miembros de tu grupo podrás ir cogiéndoles cariño, pero sean amigos o no tienes ciertos compromisos con ellos. Ahora, no puedes pretender que todos los miembros de tu grupo de vida cristiana sean amigos tuyos. Porque lo que te une a ellos no es lo mismo que une a los amigos.

La primera diferencia es que los compañeros del grupo no les has elegido y tienes que acoger a cada uno que llegue nuevo, sea o no tu amigo.
La segunda es que respecto a tus compañeros y a tus amigos ter comprometes a rezar por ellos, a procurarles lo mejor; pero sólo con tus amigos tienes una relación de intimidad. No tienes que contar lo que hay en el fondo de tu corazón a nadie del grupo.
La tercera es que mientras a tus amigos los eliges tú, a los de tu grupo te los ha elegido Dios. Esto es, tienes que recibirles como un regalo de Dios,aunque no te caigan bien o te defrauden. ¿Por qué el Señor te los ha puesto delante?

Hay un último tema que me gustaría que tratarais en esta charla, aunque ya lo hemos tocado varias veces en otros puntos. A veces, te encuentras con el dilema de si un cristiano debería hacerse amigo de todo el mundo para influir en todos, buscando lo mejor para cada uno, evidentemente. Aquí, en el fondo del corazón, hay algo que protesta con todo el derecho del mundo. Si lo esencial en la amistad es convivir y compartir, no hay nada más alejado de la verdadera amistad que buscar otra finalidad para tener amigos. Por eso es profundamente injusto pretender hacerte amigo de alguien para ayudarle o para salvarle. Es una burda manipulación de la amistad y al final la persona se siente utilizada.


Entonces ¿dónde queda el afán apostólico? ¿No es cierto que Jesús quería ser amigo de todos? No. Jesús, por ejemplo, no buscaba la amistad de los fariseos. Es más, se apartaba de ellos. No toda forma de amor se puede reducir a la amistad. Está el amor de pareja, está el amor interesado, está la pura liberalidad de amar sin que te una a esa persona más que la voluntad de buscar su propio bien... Jesús ama a todo el mundo, pero no es amigo de todos. Del mismo modo, que entre los apóstoles tenía unos "preferidos".

Evidentemente, tenemos que amar a todo el mundo, pero eso no significa que vayamos a ser amigos de todos. Es cierto que tenemos que querer acercarnos a cada uno, pero eso no tiene por qué confundirse con la amistad. Cuando la Madre Teresa de Calcuta recogía a un "tirado" de la vida, no compartía con él toda su intimidad. La aceptación de la Cruz, del sufrimiento que te causan los demás sin apartarte de ellos es de las formas más grandes de "ágape", el amor de entrega que llevó a Cristo al Calvario. No requiere, no es necesario que exista una amistad previa, pero tiende a crearla. Cuando te reconoces amado hasta el extremo, eso te hace aceptar ese amor y corresponder y así surgiría la amistad, pero no lo exige por parte del que se entrega.

Hay personas a las que te acercas sin que te atraigan en absoluto, pero es necesario que todo el mundo pueda reconocerse amado por Dios, a través de un amor humano. Tú eres Cristo amando a los demás, aunque no sean tus amigos. Así, nos encontramos cristianos que buscan a otras personas tratando de acercarlas a Dios, pero es una relación de ayuda y entrega, no es una verdadera amistad. No confundamos los términos. La amistad es algo mucho más grande.



Evidentemente, amar a cada persona y acercarte a ella supone que les vas cogiendo un cariño humano y vas descubriendo sus virtudes, lo que les hace grandes y allí podrás descubrir por qué Dios les quiere tanto y, al final, podrás tener por ellos un amor cada vez más grande, más divino, más humano. En ese momento, además de buscar su conversión, aprenderás a respetar su libertad y tu apostolado cambiará. Ya no se trata de conquistar, sino de seducir. Sin engaños, sin intereses, sin tapujos, sin trampitas, sin estrategias apostólicas más o menos veladas... Buscando al otro por sí mismo, no por lo que puedas sacar de él (incluso aunque lo que puedas sacar de él sea la conversión) y aprenderás a amarle con paciencia, sabiendo soportar sin límites... (I Cor. 13) Amando cada vez más como Dios, desde Dios, en Dios. Entonces sí que habrás convertido ese amor de entrega en una verdadera amistad gratuita y libérrima.

Uno de los tesoros más grandes que tenemos en la vida es la amistad. Cuida a tus amigos y no dejes que la amistad se pervierta.

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